Posteado por: princessdina | 25/03/2009

Shally

Como cada día, en cuanto la campana sonó, Tammy fue la más rápida de todos los adolescentes que se precipitaban hacia la puerta de salida, deseosos de abandonar aquel horroroso lugar. Tammy pedaleaba cada vez más y más rápido, ansiando llegar a su casa para continuarla. Cualquiera que la hubiera visto habría pensado que aquella bicicleta iba a la velocidad de la luz. Dió un rápido, rutinario saludo a su madre y corrió escaleras arriba. Allí la estaban esperando el lienzo, los pinceles, los botes de pintura y por supuesto, Shally. 

Tammy había pasado más de dos semanas dibujando el boceto de Shally. Tenía que ser perfecta. Horas, días enteros dedicados a plasmar la perfección en una hoja de papel cuadriculado arrancado de su cuaderno de matemáticas. Cuando le pareció lo bastante bueno, se decidió a pasarlo a un lienzo. Pero el problema era que nunca era lo bastante bueno.

En el primer lienzo que pintó utilizó una gama de colores demasiado fría, por lo que decidió desecharlo. No importaba perder un lienzo y más de 20 horas de trabajo, porque iba a conseguir la perfección en su siguiente intento.  

El segundo lienzo fue a parar la la papelera porque, mientras pintaba los cabellos rubios de Shally, no utilizó suficientes tonos rojizos. Shally tenía que tener un aspecto mucho más cálido, y a la vez sexy. “No está lo bastante bien”, pensó. 

Por motivos similares, los dieciséis siguientes intentos no eran lo bastante buenos para ilustrar la idea que Tammy tenía en su cabeza. Shally era lo más perfecto que ella había imaginado nunca, sus cabellos rubios, la tranquilidad de su sonrisa, la calidez de su mirada… Tammy se sentía terriblemente triste y frustrada al pensar que la idea de Shally se iría de su cabeza antes de que consiguiera plasmarla en uno de sus lienzos. 

Con cada nuevo lienzo, Tammy no solo cambiaba su estado de ánimo sino su propio aspecto. Desde el lienzo número veinte, usaba el antiguo uniforme de animadora de su hermana mientras pintaba. El intento veintitrés lo realizó con los cabellos teñidos de rubio, con leves toques rojizos. 

A partir del lienzo veinticuatro Shally ya tenía personalidad propia. Tammy pensó que su perfección física debía de ir acompañada de una inteligencia superior. También era ocurrente, creativa y graciosa. Tammy no tardó en adoptar estos rasgos para sí. Por supuesto, este lienzo también acabó en la papelera.  

El lienzo trigésimo fue el último. Tammy dejó de pintar a Shally, esa perfección no podía apreciarse al mirar un cuadro, tenía que darle vida. Todos los días, Tammy hacía todo lo posible  por ser como Shally, por representarla, Shally se lo merecía. No podía morir en la cabeza de Tammy por no haber sabido pintarla. Todos los días, se decía: “Oh, por qué, ¿por qué has elegido aparecer en mi cabeza y no en la de alguien que sepa mostrarte al mundo?”

Un día, tras el saludo rutinario a su madre, Shally subió a su cuarto, se paró frente al espejo que había colocado sobre su querido caballete, tras contemplarse unos segundos, decidida, dijo: “No está lo bastante bien” y saltó por la ventana. 

 

 

Gracias por leer y ved “Gattaca”.

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Responses

  1. Los ideales son como las estrellas: no las alcanzamos, pero nos iluminan.


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